A veces quiero hablarte. ¿Por qué no? Si estás ahí, y yo estoy acá, ¿por qué no puedo hablarte? ¿Qué leyes de la física o de la moral nos lo impiden? Te miro desde este lado – o más que mirarte, te contemplo – y tengo ganas de hablarte, de gritarte, de volver a sentir que estás ahí y que estoy acá. Desde el otro lado la gruesa pared de vidrio, realidad y tiempo nos separa; porque al final somos vos y yo pero en otro tiempo y en otro lugar, y con otras palabras y otros sentimientos; aunque en el fondo vos y yo seamos los mismos pero-no-tanto.

Extiendo mi mano que te busca y se choca, que busca y no encuentra, que no sé en realidad si está buscando. Es mi mano la que siente el vacío mientras busca la tuya para agarrarla fuerte y ya no dejarla ir, nunca más dejarla ir. De repente mi mano es tu mano es nuestras manos en otro tiempo, son todas las manos y ya no son manos sino un símbolo.

Ya no estás, ya no vas a volver a estar. (y yo te miro desde acá, desde el otro lado)