El jueves por la noche terminé un libro. “Todos los nombres”, de José Saramago. “Don José entró en la Conservaduría, fue a la mesa del jefe, abrió el cajón donde lo esperaba la linterna y el hilo de Ariadna. Se ató una punta del hilo al tobillo y avanzó hacia la oscuridad.” decía el último párrafo. José se fue a la oscuridad, donde estaban los muertos. Lo primero que vi en la televisión, al despertarme el viernes por la mañana, fue que José – en la vida real – también se había ido a la oscuridad.

José de Souza Saramago llegó a mi vida cuando tenía 16 años. Estábamos en clase de Historia Contemporánea, hablando de los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Nos preguntábamos qué había pasado en Alemania, qué pensaba, qué sentía la gente que había elegido a Hitler como líder; y la profesora mencionó al pasar que un libro de Saramago – no recordaba si el Ensayo sobre la Ceguera o el Ensayo sobre la Lucidez – ilustraba muy bien estos procesos y como iban transformando a la gente. Esa pequeña descripción alcanzó para impactarme y supe que tenía que leerlo.

La oportunidad apareció un par de años después, cuando me agarró la fiebre de los PDF. Mi primer intento fue un desastre: apenas pude pasar de las primeras páginas, no podía acostumbrarme a su estilo. En el segundo intento me fue mejor y lo leí casi de un tirón, en tiempo récord. Y entonces me enamoré de Saramago.

Con Saramago aprendí a hablar de personas y no de títulos, de acciones, de pensamientos, de palabras. Aprendí a pensar en las consecuencias. Aprendí que no está mal pensar sobre política, ni está mal hablar de eso. Hoy por hoy es el autor que más espacio ocupa en mi biblioteca y en mi corazón. José pasó a ser un amigo – y lo que duele es que una vez estuviste y ya no estás.

No fundo, todos temos necessidade de dizer quem somos e que é que estamos fazendo e a necessidade de deixar algo feito, porque esta vida não é eterna e deixar coisas feitas pode ser uma forma de eternidade. “Somos sobretudo a memória que temos de nós mesmos”

(En el fondo, todos tenemos la necesidad de decir quiénes somos y qué es lo que estamos haciendo y la necesidad de dejar algo hecho, porque esta vida no es eterna y dejar cosas hechas puede ser una forma de eternidad. “Somos sobretodo la memoria que tenemos de nosotros mismos”)