Lo que me enorgullece, un poquito, es haber tomado una situación tierna, cariñosa, feliz perteneciente a un incipiente amor y estirarla como nubes de algodón o de azúcar, como un chicle con sabor a tutti-frutti, deformándolo hasta convertirlo en algo que poco o nada tenía que ver con mi pequeño caramelo masticable. Casi lo opuesto, podría decirse. Logré transformarla en una situación triste y desesperante, de finales decadentes.
Y entonces, Watson, poco podemos conocer de las intenciones del autor a partir del texto final, es difícil imaginar todas esas frases que estaban y que fueron borradas, o las que no llegaron a salir de las teclas. ¿Quién sabe en qué estaba pensando cuando hizo una pausa entre punto y frase? Casi como un trabajo de ingeniería inversa.