Bailábamos y cantábamos y eramos felices. Yo tenía puesta tu camisa – y sólo tu camisa – y vos en jogging me preparabas la cena. Nos abrazábamos, nos besábamos, nos reíamos. Te acariciaba la espalda lentamente mientras jugabas con mi pelo, te llenaba de besos lentamente mientras me acariciabas. De a ratos reinaba el silencio y de a ratos nuestras risas, y en el medio nuestras palabras y nuestros besos, o simplemente miradas llenas de amor pasajero. Te miraba a los ojos y quería besarte, y te besaba y sonreía. Cada segundo al lado tuyo era un pedacito de cielo, de eternidad. Qué lindo es tenerte para mí.