Otra vez el mar, su perfección y yo. Las olas rompen, se chocan, se encuentran y la espuma me hace cosquillas en los pies. Las olas rompen en la escollera y saltan, hacen chispitas que forman figuras al aire mientras desafían la gravedad. El sol se levanta pero todavía no calienta como para poder sentir ese ruborcito en las mejillas que provoca el sol de la mañana. Estoy sola en la playa con el viento y las olas, y mi música y mi libro y mis galletitas preferidas por si me agarra hambre.

¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez? ¿Cuánto tiempo pasó desde el amanecer con mi cuadernito, escribiendo que me pasaban cosas con vos? ¿Cuánto tiempo pasó desde el día que vimos el amanecer juntos y nos dimos cuenta que ya no nos pertenecíamos el uno al otro? ¿Cuánto tiempo paso desde las tardes nubladas caminando por la playa con el corazón roto?

Conozco a pocas personas a las que le guste el mar y la playa tanto como a mí. El mar es siempre el mismo pero nunca igual, y me susurra y juega entre mis pies. Yo también soy la misma, pero ya no soy igual.