Sentirse una reina, feliz consigo misma, es un proceso. No es solamente despertarse un día y sentirse linda, porque probablemente cuando llegue la noche nos miremos al espejo y nos odiemos un poquito.

Primero hay que empezar a quererse, ponerse algo lindo, ponerse linda, verse linda. Sentirse linda: un par de tacos altos, un par de medias con ligas en un día como cualquier otro te hacen sentirte una diva y caminar como tal. Peinarse lindo, hacerse rulos o la planchita sin una razón especial.

El segundo paso – y probablemente el más complicado – es sostenerlo y hacerlo costumbre. Maquillarse aunque una no tenga ganas, ponerse un perfume rico aunque el día tenga todas las de ser un mal día. Pensar el outfit como si fuéramos a encontrarnos con él, aunque ese día ni siquiera tengamos una reunión. No ser inconsciente, tampoco: no ponerse unos tacos eternos si vamos a tener que caminar mucho, por ejemplo. Está bueno de vez en cuando mimarse: ponerse cremas con olor rico para tener la piel linda, ir a hacerse las manos a una peluquería, y por qué no, aprender a hacérselas una misma.

Puede sonar superficial, pero va más allá de lo estético. Hay que dejar de creer en las ocasiones especiales y empezar a hacer las cosas solo porque tenemos ganas. El secreto es uno solo: nos vemos bien cuando nos sentimos bien. Proyectamos: una mujer que se siente bien, proyecta seguridad. Y esa seguridad, créanme, hace la diferencia.