Si hay algo que odio es que mi tiempo y mi vida no dependan de mí. Tuve ganas ganas de recibir amigos, pero ellos no podían. Tuve ganas de ir al cumpleaños, pero el colectivo nunca vino. Y por nunca vino, me refiero a que estuve – literalmente – dos horas sola en el frío y oscuridad esperándolo.

Al final es un poco metáfora de mi vida: la felicidad es algo que está pasando muy lejos de donde estoy, y yo sigo esperando el único colectivo que me puede llevar. (y mientras tanto, veo llegar e irse infinidades de gente en infinidades de colectivos, y eso es un poco también como mi vida)