Ya mi amiga Elen contaba en un post que próximamente se va a mudar y eso la llevó a hacer una limpieza profunda de armario. Yo me crucé con sentimientos similares a la hora de hacer la limpieza del placard. Con la mudanza, me di cuenta de que soy una acumuladora crónica: tickets, entradas de cine, remeras, medias, millones de cosas que quedaron de alguna vez y que me llenan de recuerdos.

Hablando con ella, coincidimos profundamente en una cosa: con la mudanza, se tiran las bombachas viejas. Las que se van al nuevo hogar son las bombachas más lindas, las que te quedan bien, las más nuevas. Las más viejas no tiene sentido llevarlas ni guardarlas, sin importar cuántos recuerdos traigan: ocupan espacio y NO las vas a usar (o no deberías usarlas, por lo menos). Mudarse es una oportunidad para dejar ir todo lo que es hora de dejar ir y llevarse todo eso nuevo y lindo que guardábamos, sobretodo para ocasiones especiales.

Hace un tiempito me compré un perfume carísimo bajo la premisa de que era “para ocasiones especiales”. Con esto de la mudanza, caí en la cuenta de que las ocasiones especiales no existen. Nunca la ocasión es lo suficientemente especial como para que valga la pena, entonces no guardemos nada para las ocasiones especiales. Salgamos siempre maquilladas, con la ropa, el perfume y los tacos como si fuera un día especial. Porque, si vamos a entrar en clichés… siempre es un día especial.