Más de una vez planteé lo difícil que me resulta plasmar las emociones en las palabras. No hablar sobre lo que me pasa, sino realmente transmitirlo, representar con palabras la magnitud de las emociones. Admiro a la gente que lo logra, que te habla y transmite tan bien el sentimiento que casi podés sentirlo en tus tripas. Hoy estaba pensando muchísimo en todo lo que quería escribir, pero cuando realmente me senté a escribir, sentí que ya no tenía ganas de hablar de eso, o que por lo menos lo que pensaba resulta una oración totalmente insípida.