Mi nariz es muy particular, muy sensible a los olores: cualquier olor, lindo o feo, me llega con mayor intensidad. Identifico muy fácil los perfumes y la comida que se está cocinando sólo por el olor. Hace un tiempo me crucé en la Oblogo con este texto de Darío Kullock y sentí muy en el fondo lo que decía: todas las personas tienen su aroma particular (nada huele como mamá, o como casa). Con las relaciones, esto se vuelve todavía más fuerte y casi tangible. Cuando estamos juntos, él me huele, como si me estuviera respirando, y me dice que es adicto a mí. Ahora que él no está acá siento su aroma tan particular y es como si pudiera venir a darme un abrazo y llenarme de besos en cualquier momento. Es ese aroma el que me hace sentirme protegida y sonreír con la mirada perdida, lo único que apacigua esta cosa insalubre de extrañarlo tanto.