No me cuentes todo en los primeros cinco minutos, vamos de a pasitos. Dejame conocerte. El primer día hablemos de comida. De cuánto te gusta el arroz con todo y de cuando probaste eso que no te gustó. Recomendame el local donde comprás aceite y después mandame un mensaje diciendo “tenés que probar la sopa de calabaza de ese lugar”. Yo voy a recomendarte un lugar donde almorzar y después vas a decirme que no te mentí en nada y que comiste muy bien.

Otro día vamos a hablar de que me gustan mucho los gatos y te vas a reír de los rasguñones que tengo en los brazos diciéndome emo. Me vas a contar sobre mascotas exóticas y tal vez te gusten más los perros. Otro día vamos a hablar de las salidas nocturnas y vamos a estar de acuerdo en que hicimos las cosas que correspondían a nuestras edades y ahora “estamos viejos” y preferimos los bares.

Un día vamos a hablar de películas y me vas a decir que tu placer culposo es ver películas pochocleras donde no se respetan las leyes de la física. Otro día vamos a hablar de música y me vas a contar que ibas a clases de salsa y yo voy a empezar a molestarte con un “vayamos a clase de tangos”. Un día me vas a hablar por chat porque no sabés como reiniciar la partida de ajedrez en la computadora nueva y yo me voy a reír un poco. Y otro día vas a acompañarme a un concierto sin que te lo pida y yo te voy a explicar qué es lo que está haciendo el director.

Y entonces, un día, de repente, voy a encontrarme sentada en la cama y descubriendo que te extraño.