Lloro y ya no sé ni por qué lloro, le digo. Ya no lloro por este estúpido examen, ya no lloro por asuntos del trabajo, ya no lloro por la plata. Llorás porque en estos últimos 3 días te pasaron un montón de cosas fuertes y ya empezaba a ser inhumano que lo tomaras tan bien, me dice, eventualmente ibas a explotar… eras una bomba de tiempo.
Y le digo que ya sé por qué lloro: lloro porque tengo el alma cansada, porque no puedo ser autosuficiente, porque siento que fracasé. Lloro porque tengo miedo de ser inútil, porque tengo miedo de saltar al vacío, porque el tiempo pasa y yo sigo acá viendo las cosas pasar, crecer, sintiendo el pánico de quedar estancada porque quiero tantas cosas y es tan poco el tiempo que resigno la mitad de las cosas en pos de un objetivo realista, pero la otra mitad sigue siendo tanto que mi cuerpo dice basta, basta para mi y basta para todos.