Más allá de mis propios deseos y necesidades en una relación, siempre quise ser Ella para el otro: esa mujer en la que piensan, la que es única y lo invade todo. La que se escribe con mayúscula y se encuentra en cada libro, frase o canción. La que hace que le brillen los ojos cuando habla. Tal vez alguna vez lo fui, mejor dicho, tengo la certeza de haberlo sido una vez – porque para él sigo siendo Ella, aunque ya empañada por los años e idealizada por la ausencia.